julia schulz-dornburg

arquitecto

Salón Digital. CCCB, Barcelona

SALÓN DIGITAL fue una exposición itinerante que se mostró en el CCCB en abril del 1999. SALÓN DIGITAL reunía unas 130 obras de arte realizadas con ordenador, un conjunto de piezas en dos o tres dimensiones (fotos, dibujos, esculturas o instalaciones), obras proyectadas (cortometrajes y animaciones) y una selección de trabajos virtuales en Internet
La gran variedad de materia y técnicas era uno de los puntos fuertes de la exposición aunque la desigualdad física entre obras con “cuerpo” y obras virtuales era innegable. En los montajes previos, los objetos con dimensiones “reales” (un 35% de las obras) predominaban en las salas de exposiciones, (ocupando aproximadamente un 80 % del espacio disponible) mientras que las obras virtuales tenían que acomodarse en superficies muy reducidas y poco sofisticadas, como puede ser la extensión de una mesa con 4 ordenadores. El diseño del montaje intentó compensar este desequilibrio entre la apariencia y el formato de las obras. Dado que las dimensiones del espacio dedicado a exponer una obra tienden a reflejar su valor, decidimos repartir los metros lineales en partes iguales, indiferentemente de si la obra era virtual o real.
Aunque la adjudicación de espacio por pieza era (dentro de lo posible) igual, la manera de contemplar la obra tenía que ser muy distinto. Había que examinar los cuadros estando de pie, consultar los ordenadores de forma sentada y ver las proyecciones en una postura relajada. De esta necesidad ergonómica de la contemplación nacieron tres ámbitos distintos: Un ámbito convencional para colgar las obras en las paredes, una galería de ordenadores donde los interesados se podían sentar en unos grandes “sillones” comunitarios para examinar el arte en Internet y unas salas de proyección tapizadas, donde el aficionado podía estirarse cómodamente para sumergirse en el mundo de la luz y las sombras.
Consideramos que los ámbitos digitales necesitaban un tratamiento escultural y táctil para dar una expresión sensual al mundo virtual, un lugar que habitualmente se halla atrapado en cajas de plástico gris. Introducimos colores cálidos, formas sinuosas y superficies blandas para invitar al visitante a detenerse y sentirse seducido a investigar el contenido de las pantallas. La dimensión y distribución de los soportes se diseñaron de tal manera que la contemplación de los ordenadores se convierte en un suceso social.