julia schulz-dornburg

arquitecto

Franco, Victória, República, impunidad y espacio urbano. Borne, Barcelona

Los monumentos conmemoran hechos históricos, sus peanas, columnas, obeliscos y arcos de triunfo marcan la permanencia del poder a través de la apropiación del espacio colectivo. La gramática del monumento del siglo XIX ha permanecido prácticamente inalterada hasta que la irrupción de los movimientos de vanguardia allanó el camino para el arte contemporáneo en trascender los códigos más inmediatos de la representación del poder y buscar distintas maneras de transformar, desmitificar o democratizar el significado del monumento.


El encargo de rescatar dos esculturas (la estatua ecuestre de Franco y la Victoria) del anonimato en los almacenes de la ciudad y exhibirlas temporalmente en el espacio público tenía la voluntad de impugnar los códigos de la representación del poder. Dos figuras sin pedestal, despojadas de su contexto monumental y mal heridas (una fractura de cintura y la pérdida de la cabeza) debían servir para reflexionar sobre la manipulación ideológica del espacio público y analizar la conducta de nuestra democracia en la gestión del pasado franquista.

La operación de "rescate" une la descabezada estatua ecuestre de Franco con la alegoría de la Victoria y la sombra de la República delante del Born.
La alineación original de cada escultura dentro del contexto de la ciudad se mantiene; sólo la distancia entre ellas se reduce. La constelación resultante también podría describirse como un ménage à trois. Para evitar monumentalizar las piezas se descartaron peanas o plataformas para sostenerlas. El camino accidentado de las esculturas por la ciudad permitió introducir el concepto de movimiento, como elemento de composición en el diseño de la base y como antídoto a una lectura monumental.

La exposición, dentro del antiguo mercado, revela la historia detallada de los tres monumentos. Su formato es una sala de investigación donde todo el material forense (documentos históricos, publicaciones oficiales y evidencia fotográfica) se junta en una serie de estantes y paneles de prueba. El reto para el espectador es el de sacar sus propias conclusiones de la cadena de evidencias expuestas. El lenguaje formal, austero y utilitario se inspira en las bibliotecas, el oscuro almacén de la ciudad (en el que se encontraron las esculturas) y en los paneles de investigación policial.

La secuencia fotográfica del obelisco mutante en la Av. Diagonal (republicano - franquista - monárquico) y la larga sombra de Franco definen los parámetros del espacio expositivo que está organizado en tres bloques temáticos. El primer capítulo explora las vidas paralelas de J. Viladomat y F. Marés, creadores de los tres monumentos expuestos en la plaza. El segundo capítulo, dedicado a las esculturas República y Victoria, narra las peripecias de los monumentos antagónicos que comparten el mismo obelisco en la ciudad. El tercer y último panel de investigación traza la trayectoria de la escultura ecuestre de Franco en Montjuïc y analiza las dolorosas secuelas que la dictadura imprimió en esta montaña, tan cargada de historia. Al salir, un espacio entre cortinas revela la última pieza de evidencia.

Mientras tanto, en la plaza del Born, el monumental ménage à trois se convierte en un intenso asunto público.