julia schulz-dornburg

arquitecto

Guerrers de Xi'an.
Fòrum Universal de les Cultures, Barcelona

Las imágenes de los yacimientos y el proceso arqueológico de excavar cuidadosamente los tesoros escondidos fueron la principal fuente de inspiración para la puesta en escena de “Los guerreros de Xi’an“.

La exposición se organizaba en dos espacios distintos pero conectados entre ellos: el espacio de la introducción -la sala de audiovisual con capacidad de 250 personas- y la propia sala expositiva ubicada en un gran espacio continúo de 900 m2. La sala audiovisual era el lugar de paso entre el exterior y la sala expositiva, que se ocultaba detrás de un elemento “techo-pantalla-acceso”. Esta pieza móvil y luminosa, diseñada específicamente para este espacio, estaba formada por tres sucesivos planos quebrados y conectados entre sí. Su función –expresamente teatral – era controlar el flujo del público, acotando e iluminando el espacio durante la fase de acceso de la gente, cambiar de intensidad lumínica y convertirse en un gran plano de proyección durante el audiovisual, y por fin levantarse – como se tratase de un telón rígido- al finalizar la proyección para dejar paso a la propia sala de exposición, celebrando así la espectacular transición de la imagen proyectada al espacio real.

La última imagen del audiovisual se convertía en la primera visión real de la exposición, marcada por la perspectiva infinita de una fila de guerreros de terracota, guardianes de las 120 piezas de las dinastías Qin y Han. La iluminación de las piezas era dramática y rasante, centrándose en el objeto y resaltando la estructura y textura de la superficie de los objetos, mientras la propia sala quedaba en penumbra, fomentando la sugerencia de grandes y misteriosos espacios en los mausoleos.

La referencia al proceso arqueológico se apreciaba tanto en los recortes y vaciados del pavimento de la sala como en los planos verticales de la exposición, formada por paneles de metacrilato rellenos de distintos tipos y texturas de tierra. La composición de piezas exentas en el espacio y objetos expuestos en vitrinas, generaba unos reflejos sobre los parámetros verticales que aumentaban la complejidad de la lectura entre lo real y lo ficticio. De igual manera, la vitrina de cuatro espejos convertía dos guerreros en un ejército asemejándose a la propia convicción de los emperadores chinos de que la muerte es un espejismo de la vida.