julia schulz-dornburg

arquitecto

Les Presons de Franco. Museu d'Història de Catalunya, Barcelona


La escenografía de LES PRESONS DE FRANCO pretendía dar cuerpo y voz al destino de tantas vidas destrozadas, victimas de sus ideales, convicciones o personalidades, que sin voz ni reconocimiento oficial no podían formar parte de la conciencia colectiva, que nos salvaguardara de una repetición histórica de estos hechos tan aterradores. EL conjunto de una caja envolvente, simple y sin concesiones, los turbadores relatos grafiteados en las paredes, la luz amenazadora y la banda sonora inquietante intentaban crear un espacio emotivo donde se revivieran las voces enmudecidas y donde el silencio narrara lo sufrido.

Dos grande ejes, los caminos y la estructura de la prisión, ordenaban impasibles una multitud de pequeños espacios, historias particulares de sus protagonistas-victimas. Un alargado corredor formado por innumerables cajones y sus fichas con los susurros de la traición y la denuncia iba oprimiendo poco a poco el espacio hasta llegar a la entrada de la prisión. La vivencia de la cautividad, el miedo y el temor a expresar opiniones, la actitud desafiante en situaciones furtivas, la inminencia de la muerte y el control atroz del sistema se explicaba en la extensa sucesión de celdas que se repartían a lo largo del corredor de la prisión. El leve movimiento de los uniformes de los guardas de la prisión colgados sin un rostro que los acompañara, los columpios vacíos donde resonaban las voces inocentes de los niños, la sombra distorsionada del garrote vil, la secuencia de los confesionarios con relatos personales contados con ejemplar serenidad devenían algunos de los episodios que intentaban crear un clima de silencio para recordar el dolor y la angustia de la vida en los prisiones de la época franquista.

El lenguaje expositivo, formado por el conjunto de la luz, el sonido, la grafica y la arquitectura buscaba en la abstracción una gramática universal y emotiva para que nada distrajera del intenso sentimiento de dolor que muchos vivieron.
El volumen y la diversidad de formato de texto y los testimonios personales que constituyeron la mayor parte del material expositivo exigían un lenguaje documental que aumentara el impacto de la información histórica y fuera capaz de unificar la gran variedad de elementos documentales. Era necesario utilizar recursos formales que no dominaran la información reunida, que destacaba por su contenido pero no por su presencia visual. Tanto la decisión de limitarse a las tonalidades de blanco y negro como la solución de tratar texto y fotos como parte integra de la arquitectura se adhería a la voluntad de generar un ambiente de silencio propicio a la escucha de la historia no contada.

Les presons de Franco, TCV