julia schulz-dornburg

arquitecto

Can Rei. Tordera, Barcelona

La finca se halla en un punto elevado de un terreno rural, de donde se domina visualmente la intersección del paisaje precosta con la estribación del Mont Negre entre Hostalric y Tordera. Los restos de una masía (sin techo y con algunas paredes exteriores en mal estado) estratégicamente situados en la cima de una colina, marcan la localización y escala del proyecto para la futura vivienda unifamiliar.
Aunque la precariedad estructural de la ruina imponía la necesidad de levantar una construcción nueva e independiente, no se quiso renunciar a la riqueza de texturas y capas de la estructura original, adquiridas a lo largo de sus transformaciones, desde su existencia como un refugio humilde en el siglo XVII, hasta su época de masía con cierto significado en el siglo XIX.
El concepto de “la casa dentro de la casa” fue el punto de partida para el proyecto que distingue - de forma material y arquitectónica - el contenedor antiguo y la vivienda moderna. La casa de nueva construcción tiene un lenguaje y unas dimensiones contemporáneas, unas aperturas grandes y acabados industriales (suelos y techos de hormigón, puertas de cristal, carpintería de aluminio, grandes ventanales y paredes con revoco visto) mientras que la piel exterior de la masía (con añadidos como los celosías de ladrillo para filtrar la luz y disimular las grandes ventanas y la extensión de muros de poca altura) se completó siguiendo las propias pautas del edificio original.
La artesanía en la construcción está aplicada con la misma exigencia en la restauración de la piel original como en la construcción nueva. En el interior se puede distinguir las distintas gamas de tonalidades como resultado del revoco manual en las paredes y los suelos de hormigón. La riqueza de texturas y materiales destaca sobre todo en las franjas donde las paredes interiores se retraen para enmarcar la textura de las paredes originales o donde la celosía de la piel exterior se extiende para velar los grandes ventanales.
El intercalado de la estética “brutalista” del interior con el tratamiento contextualista del exterior crea un conjunto moderado y sorprendente. Desde fuera la casa parece sólida e impermeable mientras que el interior goza de máxima transparencia y con largas vistas (interiores y exteriores) cruzando varias habitaciones y el hall de doble altura. El color y la sencillez de los muebles y las telas (muchos diseñados expresamente para la casa) suaviza la austeridad del interior y conecta con la exuberancia de la naturaleza en su exterior.